Religious Freedom Awards 2026: libertad, diversidad y diálogo

Religious Freedom Awards 2026: libertad, diversidad y diálogo

Los Religious Freedom Awards reivindican en Madrid una libertad religiosa que vaya más allá de la tolerancia y se traduzca en convivencia real

La XIII edición reconoce las trayectorias de Armando Lozano Hernández, la Rev. Dra. Helen Hall, el profesor Daniel Gil-Benumeya Flores, el profesor José María Contreras Mazarío y el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista – Universidad de la Mística

Madrid, 25 de septiembre de 2026. — La libertad religiosa no consiste únicamente en permitir que el otro crea, sino en construir una sociedad en la que personas con convicciones profundamente distintas puedan conocerse, participar en igualdad y reconocerse mutuamente como ciudadanos de pleno derecho.

Esa fue una de las ideas que atravesó la XIII edición de los Religious Freedom Awards, celebrada en Madrid y organizada por la Fundación para la Mejora de la Vida, la Cultura y la Sociedad, fundada por la Iglesia de Scientology de España y reconocida con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC). La ceremonia reunió a representantes del ámbito académico, jurídico, religioso, institucional y de la sociedad civil para reconocer a cinco personas e instituciones cuya trayectoria ha contribuido a la defensa de la libertad de religión o de creencias y al diálogo entre distintas tradiciones.

Los galardones de 2026 fueron concedidos a Armando Lozano Hernández, por su prolongada labor de diálogo interreligioso; a la Rev. Dra. Helen Hall, profesora de Derecho y sacerdote de la Iglesia de Inglaterra; al Prof. Dr. Daniel Gil-Benumeya Flores, especialista en diversidad religiosa e islam contemporáneo; al Prof. Dr. José María Contreras Mazarío, una de las figuras de referencia del Derecho Eclesiástico del Estado en España; y al Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) – Universidad de la Mística, cuyo premio fue recogido por su director, el P. Jerzy Nawojowski, OCD.

La ceremonia comenzó recordando un principio aparentemente sencillo pero decisivo para cualquier sociedad plural: “Respeta las creencias religiosas de los demás”. A partir de ahí, las intervenciones fueron dibujando una reflexión colectiva sobre una libertad que no puede agotarse en las leyes, sino que debe hacerse visible en las escuelas, las administraciones, los lugares de culto, los cementerios, las universidades y, en último término, en las relaciones entre las personas.

“No necesitamos pensar igual para respetarnos”

La bienvenida corrió a cargo de Mónica Muñoz, en representación de la Iglesia de Scientology de España, anfitriona de la ceremonia.

Muñoz situó desde el comienzo la diversidad en el centro del encuentro:

“No necesitamos pensar igual para respetarnos. No necesitamos compartir las creencias del otro para reconocer su derecho a tenerlas.”

Y añadió una idea que marcó el tono de la noche: “Una sociedad plural solamente puede funcionar cuando esa diferencia deja de ser vista como una amenaza y comienza a ser reconocida como parte natural de nuestra convivencia.”

Tras recordar el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dio paso a Isabel Ayuso Puente, secretaria general de la Fundación y galardonada en la primera edición de estos premios.

Ayuso Puente propuso una manera especialmente concreta de entender la libertad religiosa: preguntarse si una persona puede “vivir de acuerdo con sus convicciones sin ser molestada ni intimidada injustamente”.

Recordó que detrás de esa pregunta aparentemente sencilla se encuentran derechos muy tangibles: creer o no creer, cambiar de religión, educar a los hijos según las propias convicciones, practicar una religión o despedir a los seres queridos conforme a las propias tradiciones.

Reconociendo los avances logrados en España, señaló también que queda trabajo por hacer para convertir el reconocimiento formal de la diversidad en una experiencia cotidiana:

“No solamente es el Estado; es el vecino, es el colegio, donde la libertad religiosa se tiene que hacer real.”

Y dirigiéndose a quienes trabajan profesionalmente en este ámbito, añadió: “Ese trabajo es el que premiamos, no solo por el logro personal, sino por el beneficio que significa para toda la sociedad.”

Trece años reconociendo a quienes defienden también la libertad del otro

Iván Arjona Pelado, presidente de la Fundación para la Mejora de la Vida, la Cultura y la Sociedad, inspirada en las enseñanzas y metas establecidas por el fundador de Scientology L. Ronald Hubbard, recordó que los premios nacieron en Madrid en 2014 ante la ausencia de un reconocimiento específicamente dedicado a quienes trabajan por la libertad religiosa y de conciencia.

Explicó que la distinción pretende reconocer especialmente a personas e instituciones que defienden no solamente su propia libertad, sino también las convicciones “que ellos mismos no profesan o no comparten”.

La Tizona que reciben los galardonados, forjada en Toledo, simboliza ese compromiso. Arjona recordó que la espada dejó históricamente de ser únicamente un arma para convertirse en símbolo de “honor, nobleza, lealtad y justicia”, y que otorgarla significaba reconocer el valor de una persona e incluso confiarle una responsabilidad.

Una responsabilidad que los premiados de esta XIII edición asumieron con discursos muy distintos entre sí, pero unidos por una misma preocupación: cómo hacer posible una sociedad verdaderamente plural.

Armando Lozano: del respeto al interés genuino por el otro

El primer galardonado de la noche fue Armando Lozano Hernández, histórico miembro de la Iglesia de Unificación, director de la Federación para la Paz Universal y de Espacio Ronda, con décadas dedicadas al encuentro entre personas de diferentes tradiciones religiosas.

Su candidatura fue presentada por vídeo por Pandit Krishna Kripa Dasa, premiado en la edición de 2025, quien definió a Lozano como “un adalid, un activista del diálogo interreligioso” y destacó que Espacio Ronda ha abierto durante años sus puertas a múltiples formas de fe, expresiones culturales, conferencias y encuentros.

El propio Lozano dejó una de las intervenciones más personales de la ceremonia.

“La libertad religiosa es la mejor medida de cómo va una sociedad”, afirmó.

Para él, la convivencia necesita educación hacia la sociedad, pero también educación dentro de las propias religiones, porque el desconocimiento puede convertir al diferente en extraño y al extraño en amenaza.

Su visión del diálogo interreligioso parte de la curiosidad antes que de la confrontación. Tras cinco décadas de experiencia religiosa y alrededor de cuarenta años trabajando en el ámbito interreligioso, explicó que su reacción ante las tradiciones de otros no es preguntarse inmediatamente si son verdaderas o falsas, sino aproximarse a ellas con fascinación: “Enséñame qué es lo que haces.”

Lozano llevó aún más lejos la idea de tolerancia:

“Preparar a la gente para realmente amar, no solamente respetar.”

Y sintetizó esa actitud en unas palabras que provocaron uno de los momentos más humanos de la ceremonia:

“Te quiero, te amo, me interesas. Quiero saber más. Quiero aprender de ti. Tienes algo que decirme.”

Para Lozano, ahí comienza el verdadero diálogo: no en una mesa donde representantes religiosos enumeran formalmente sus coincidencias, sino cuando el encuentro “te toca el corazón”.

Helen Hall: “Una democracia sin respeto a las minorías no es una democracia”

El segundo Religious Freedom Award fue entregado a la Rev. Dra. Helen Hall, profesora de Derecho en Nottingham Trent University y sacerdote de la Iglesia de Inglaterra.

Su candidatura fue presentada por el profesor Javier García Oliva, galardonado en 2025 y colaborador académico de Hall desde hace más de una década.

García Oliva destacó de ella su independencia intelectual y, sobre todo, su disposición a defender la libertad de minorías incluso cuando hacerlo pueda resultar incómodo:

“Helen ha mantenido una y otra vez el derecho a tener convicciones idiosincráticas, a no tener que coincidir con las mayorías.”

Su intervención desarrolló precisamente ese principio.

Hall comparó la libertad religiosa con la dedalera o foxglove, una planta de gran belleza y propiedades medicinales que, utilizada incorrectamente, también puede resultar tóxica. De igual manera, afirmó, la libertad religiosa es indispensable y debe ser protegida con firmeza, y que no pueda emplearse para vulnerar los derechos fundamentales de otras personas.

“El derecho a la libertad religiosa es esencial en una sociedad democrática, pero no es ilimitado.”

Hall defendió que los poderes públicos tienen que proteger tanto la libertad de las comunidades religiosas como los derechos individuales de quienes forman parte de ellas. Al mismo tiempo, pidió evitar que convicciones tradicionales sean excluidas simplemente por resultar minoritarias o contrarias a las tendencias predominantes.

Su formulación fue contundente:

“Tenemos una obligación de ser ciudadanos de bien, de respetar el Estado de derecho. Sin embargo, no existe ninguna obligación, en nuestros modelos democráticos, de ser ciudadanos a la moda o de pertenecer a la mayoría.”

Y concluyó:

“Una democracia sin respeto a las minorías no es una democracia.”

Daniel Gil-Benumeya: defender una libertad implica defenderlas todas

El tercer premio recayó en el Prof. Dr. Daniel Gil-Benumeya Flores, del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, investigador especializado en islam, diversidad religiosa, memoria histórica e islamofobia.

Su candidatura fue propuesta por el profesor Óscar Salguero quien afirmó que “la libertad religiosa y de conciencia no puede ser solo una mera tolerancia distante, sino el reconocimiento activo de la riqueza que aporta la pluralidad”, y destacó el trabajo de Gil-Benumeya para conectar investigación universitaria, divulgación ciudadana y derechos fundamentales.

El premiado centró su intervención en la distancia que todavía puede existir entre el reconocimiento jurídico de la diversidad y su realidad cotidiana.

“Comprender y posicionarse seriamente contra una discriminación implica posicionarse contra todas.”

Gil-Benumeya recordó que España dispone de un sólido marco jurídico de protección de la libertad religiosa, pero señaló que su aplicación efectiva todavía plantea desafíos.

Citó ejemplos muy concretos: la apertura de lugares de culto, los espacios funerarios conforme a las distintas tradiciones, la enseñanza religiosa, las prescripciones alimentarias o la conciliación laboral con festividades religiosas.

Demandas que, afirmó, no deberían verse como excepciones concedidas a comunidades ajenas, sino como ejercicio ordinario de derechos de ciudadanía.

También reivindicó el papel de la universidad y de aquellas disciplinas cuyo valor social no siempre puede medirse en términos estrictamente económicos.

“Su rentabilidad debería medirse por sus efectos sociales, por el conocimiento que aportan, por las desigualdades que ayudan a identificar y, en definitiva, por su contribución a una sociedad más justa y democrática.”

Gil-Benumeya cerró su intervención deseando que el galardón sirviera para recordar “la importancia que tiene la defensa de la libertad religiosa para la salud de una sociedad realmente democrática.”

José María Contreras: los derechos conquistados también pueden perderse

El cuarto reconocimiento de la noche fue para el Prof. Dr. José María Contreras Mazarío, catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad Pablo de Olavide y figura estrechamente vinculada durante décadas tanto al estudio académico como a la gestión pública de la libertad religiosa.

El profesor Salvador Pérez Álvarez, premiado en 2025, fue el encargado de presentar su trayectoria.

Para Pérez Álvarez, la aportación esencial de Contreras ha consistido en demostrar que la libertad religiosa “exige algo más que una proclamación constitucional”:

“Exige conocimiento, reconocimiento, garantías jurídicas y políticas públicas capaces de hacer efectivo el derecho.”

Contreras convirtió su discurso de aceptación en una reflexión nacida de medio siglo de experiencia académica e institucional.

Recordó que los derechos fundamentales no son realidades que hayan existido siempre ni garantías irreversibles:

“La garantía de los derechos humanos y de la libertad de pensamiento, conciencia y religión son y pueden ser el resultado de una conquista.”

Y añadió una advertencia especialmente dirigida a nuevas generaciones de investigadores:

“La lucha por los derechos humanos siempre tiene sentido y merece la pena.”

Frente a la polarización, la segregación y los discursos de odio, Contreras reivindicó “el derecho a la diferencia y a ser diferente” como parte esencial de la libertad de pensamiento, conciencia y religión.

Recordó además las primeras palabras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos para condensar el principio que, a su juicio, debe presidir toda política en esta materia:

“No hay ni puede haber seres humanos de primera y seres humanos de segunda. Solo seres humanos.”

Desde su experiencia como primer director de la Fundación Pluralismo y Convivencia, director general en materia de asuntos religiosos, miembro de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa y participante en organismos internacionales como la OSCE, Contreras resumió uno de los grandes desafíos pendientes:

“Una cosa es el reconocimiento jurídico del derecho y otra cosa es el ejercicio del derecho.”

Universidad de la Mística: “La religión puede ser un puente y no un muro”

La ceremonia concluyó con el reconocimiento institucional al Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) – Universidad de la Mística, de Ávila.

El presidente de la Unión Budista de España, Luis Morente, premiado en 2025, presentó la candidatura destacando la apertura de CITeS al encuentro entre distintas tradiciones espirituales y su aproximación tanto académica como experiencial al diálogo.

Para Morente, fomentar esa relación entre diferentes sensibilidades espirituales constituye “un esfuerzo de paz”.

El premio fue recogido por el director del centro, el P. Jerzy Nawojowski, OCD, carmelita descalzo, quien abandonó inicialmente el discurso escrito que llevaba preparado para hablar desde la emoción del momento.

Contemplando la paradoja de que un centro carmelita dedicado a Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz fuera presentado para el premio por el presidente de la Unión Budista de España, Nawojowski señaló:

“Lo imposible a veces es posible. Cosas que parecen imposibles son posibles y merece la pena luchar por ellas.”

La frase que mejor sintetizó su intervención llegó poco después:

“La religión puede ser un puente y no un muro entre nosotros.”

Nawojowski explicó que CITeS entiende la experiencia mística como un punto de encuentro que trasciende fronteras religiosas y culturales. Una experiencia que, afirmó, solamente adquiere pleno sentido cuando se refleja en el modo de tratar a los demás:

“La experiencia religiosa, cuando realmente tiene sentido, se tiene que verificar en las relaciones humanas; relaciones de amor que construyen, que nos mejoran.”

De la ley al encuentro humano

Las intervenciones de la XIII edición recorrieron caminos muy diferentes: Derecho, universidad, activismo social, pastoral, diálogo interreligioso, memoria histórica y mística.

Pero terminaron encontrándose en un mismo punto.

La libertad religiosa necesita leyes y tribunales. Necesita instituciones capaces de eliminar obstáculos. Necesita investigación y conocimiento. Pero también necesita algo que ningún texto jurídico puede imponer por sí solo: personas dispuestas a encontrarse con quien piensa, cree o vive de manera diferente.

Desde el “no necesitamos pensar igual para respetarnos” con el que se abrió la ceremonia hasta el “la religión puede ser un puente y no un muro” que pronunció uno de sus últimos galardonados, los Religious Freedom Awards 2026 dejaron así una reivindicación común: que la diversidad deje de gestionarse como una excepción y pase a reconocerse como parte normal de una sociedad libre.

Al cerrar el acto, Iván Arjona recordó también que la defensa de los derechos es una tarea que nunca puede darse definitivamente por concluida:

“Solo fracasamos cuando dejamos de intentarlo.”

Los cinco galardones fueron entregados en forma de Tizona, símbolo elegido por los Religious Freedom Awards para representar honor, dignidad, justicia y la responsabilidad de continuar defendiendo la libertad del otro.

La Fundación anunció además su intención de reunir contribuciones de los galardonados de las últimas ediciones en una futura publicación en español e inglés dedicada a la libertad religiosa y de creencias.

La próxima cita será la XIV edición de los Religious Freedom Awards, en 2027.


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